domingo, 3 de julio de 2011

Una buena costumbre

Miguel estaba en el piso, con la espalda contra la pared, arrinconado. Las ventanas, firmemente cerradas, apenas permitían que se oyera el ruido de la lluvia torrencial y el zumbido del viento. Miguel sostenía la cuerda con sus manos temblorosas –el efecto de la morfina empezaba a desvanecerse- cuando unos golpes en la puerta interrumpieron la acción. Solamente podía ser Laura.

Lentamente Miguel se incorporó, dio unos pasos a tientas a través de la penumbra del lugar llevándose por delante un banquito, y finalmente logró llegar a la puerta para abrirla.

-Hola- dijo Laura, mirando la cuerda que Miguel aun conservaba en sus manos. -¿Otra vez?- preguntó, entrando al diminuto apartamento. Miguel se hizo a un costado y la dejó pasar. Luego, tiró la cuerda sobre la cama.

-Llueve- dijo Laura, quitándose el pilot empapado.

-Nunca voy a poder hacerlo si seguís viniendo- dijo finalmente Miguel.

Laura le sonrió y comenzó a calentar agua para el mate en la garrafita. Laura acostumbraba evitar que Miguel se suicidara. Además preparaba buenos mates amargos.

jueves, 2 de junio de 2011

Que so pretexto

Que so pretexto
de una supuesta lucidez
no te consuma el fatalismo.

Que so pretexto
de una niebla densa
que vos mismo te inventás
no te confunda la amargura.

Que so pretexto
de mirar con atención
donde se debe
nada más que mirar por arribita,
no te mastique
el desencanto y la tristeza.

¡Ja!

¿Y a esta hora de la noche me lo decís, hijo de puta?

viernes, 13 de mayo de 2011

Si yo fuera millonario 1

Si yo fuera millonario elegiría la casa de algún amigo, o algún conocido, y por la noche mandaría colocar un baño químico (o uno que venga a parecérsele) frente a su casa, en la vereda. A la noche siguiente, mandaría colocar un sillón (cementado a la vereda), una mesa (con algunas revistas esparcidas encima), un televisor de cartón frente al sillón y contrataría a un grupo de actores vestidos con los colores de algún equipo de fútbol que pasarían la noche mirando la tele en la vereda, tomando cerveza y comiendo una picada, comentando jugadas, indignándose periódicamente por alguna supuesta mala decisión arbitral y finalmente entrando en un éxtasis casi religioso al celebrar un gol de su equipo.

Es de presumir que mi amigo o conocido va a llamar a la policía, de modo que tendré que tomar la precaución de invertir un poco de dinero en la comisaría de la zona.

viernes, 6 de mayo de 2011

Mudanza

Andate.


Por favor,

agarrá tus cosas,

y andate.


Andate. En serio.


Salí de mi cabeza;

salí por mis fosas nasales,

o si querés,

por mis orejas.


Pero andate.


Andate, por favor. Agarrá tus cosas

y andate.


O andate sin tus cosas,

la cuestión es que te vayas,

que me liberes la cabeza

de tu presencia.


Liberame la cabeza.



¿ “Liberame la cabeza”?

¿Ves lo que me hacés decir?


Andate por favor. Andate.


“Liberame la cabeza”. Sólo falta que diga

“de fiesta” para ser un hippie de mierda.


¡Salí!


¡Salí de mi cabeza!


Necesito un poco de tu no presencia.


Tu no presencia de mañana,

cuando abro mis ojitos;

tu no presencia a la noche,

cuando froto mis pies

tratando de cerrar mis ojos.


Tu no presencia.


Te lo imploro. Salí de mi cabeza.

Voy a dejar de escribir acá,

para que puedas ir saliendo.

lunes, 2 de mayo de 2011

La estación del ferrocarril

El ruidito de mis championes arrastrando pedregullo

es tan tentador,

que al pasar por la estación

no puedo caminar por el caminito asfaltado;

además, el pedregullo está junto a la vía,

y a mí me gusta la vía,

nostálgica,

rodeada de plantitas,

de pastitos,

así, tan sugerente.


Porque esos rieles sugieren.


Todo, sentado al solcito en un banco de la estación, sugiere;

pero los rieles, los que vienen para acá y los que van para allá,

sugieren mucho más.


Es increíble cómo da gusto

sentirse pensador en el banquito de la estación.


¡Vino un tren!

¡Vino un tren!


Llega gente.


Y a mí en este rato, muchas otras cosas se me han ido.

sábado, 30 de abril de 2011

Apariciones

Anoche te me apareciste; es decir, soñé contigo. Había pasado bastante tiempo desde la última vez, pero estabas igualita: tan vos, tan real, tan fresca, tan linda, tan vos. Una lástima que el sueño terminó. Esta vez tampoco me dio el tiempo para matarte.

jueves, 28 de abril de 2011

Las verdaderas aventuras de Darío 1

Hoy, conversando con dos alumnos, tuvimos la siguiente idea, que en Castellano sería algo así:


Tres personas ingresan a un restaurante –según lo que planificamos éramos JI, Lloviznita y yo-; Lloviznita llevaría con ella una cartera, dentro de la cual habría un ratón muerto, probablemente blanco; una vez servidos nuestros platos (tallarines era una de las opciones) JI sacaría el ratoncito muerto del bolso de Lloviznita y lo colocaría disimuladamente dentro de mi plato de tallarines; yo, simplemente sería el encargado de llamar al mozo y decirle la gloriosa frase:

-Mozo, hay un…un ratón muerto en mi plato.

Mi cara debía ser, naturalmente, de asco y de indignación; pero una indignación elegante, es decir, una indignación de esas que te hacen parecer un inglés. Mientras yo debía estar enterándome de qué manera nos resarciría el restaurante conversando con el mozo, Lloviznita y JI harían caras de desaprobación y menoscabo en relación a la atención al público del establecimiento, principalmente negando con la cabeza y mordiéndose el labio inferior, mirando a los clientes de las mesas más cercanas.

¿Por qué? ¿Para qué? No está del todo claro. Creo que hay algo de Macedonio Fernández ahí; algo de reírse con el proyecto aunque nunca se vaya a concretar.

O speakings que se tornan surrealistas porque los libros de inglés contienen temas de discusión para nada interesantes.