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lunes, 3 de octubre de 2016

Apuntes desordenados sobre el uso del etc



Hace tiempo me viene persiguiendo una idea que la circunstancialmente japonesa Amelie Nothomb explica mucho mejor que yo: “(…) y es tanto más extraño por cuanto todas las personas aquí presentes, inteligentes y que experimentan cierta simpatía, incluso amistad entre sí, no tienen absolutamente nada que decirse. Escúchelos. Es inevitable: más allá de los veinticinco años, cualquier reunión de seres humanos es una repetición.”

Se entenderá que tener esta idea en la cabeza cada vez que sostengo una conversación es un poco difícil de soportar. Entonces lo que hago es observar.

Como por ejemplo: el uso de la palabra etc está mal visto. Y no debería estarlo. A veces la usamos como muletilla; otras la usamos como facilitadora para poder elaborar ideas y eximirnos de enumeraciones tediosas; sea cual sea el caso, esos usos posibles del etc son secundarios y me  parece que haciendo un mejor uso de el etc nuestras vidas serían mejores.

El etc debería ser usado con más frecuencia. Eso estoy tratando de decir. Debería ser usado para el bien de la comunidad.

Por ejemplo: una muchacha responde a la invitación que le hace un muchacho de su trabajo: “(…) y vos siempre me hacés reír y tenemos siempre charlas muy interesantes, pero a mí no me pasa lo mismo que a vos, así que…Etc.”

Puede sonar cortante al principio. Pero conviene darle una mirada más profunda: ese etc impide que la mujer se vea en la obligación de justificar en detalle sus decisiones, cosa ya de por sí tediosa; por otra parte exime al hombre de estar en riesgo de oír esa crueldad –espero yo, involuntaria- en la que habitualmente caen las mujeres que rechazan: “pero podemos ser amigos.”
Detrás de esa sentencia se oculta el mutuo y profundo desconocimiento de los géneros y sus características.

Hay al menos varias decenas de usos del etc que serían beneficiosos para todos. Tenemos que usarlo más.

¿Qué cómo estuvo el trabajo hoy? “Ah, sí. Entré a las nueve y cuarto y, etc.”

Otro: “Opa, opa. Si te agarro ese orto, etc.”
Acá el daño tan solo se minimiza, lo tengo claro, pero el “etc” ayuda.

O por ejemplo: “(…) es por eso que con mamá estuvimos  hablando y, si bien nos amamos, a veces las personas que se aman no deben vivir juntas, así que papá y mamá se van a divorciar, etc. Te vamos a seguir queriendo y etc, etc.”

Todo lo que venga después de: “Mirá, Pablo, sos adoptado” debería incluir un etc en alguna parte.

Pero principalmente en esas reuniones de mayores de veinticinco años es que el etc debe tener un papel preponderante. No bien alguien diga “¿Se acuerdan de cuando…” y otro pregunte “¿Cómo era esa? ¿Cómo era esa?” con un entusiasmo alarmante por escuchar nuevamente la misma anécdota una vez más, un etc debería imponerse y la reunión debería ser disuelta de inmediato.

Ensayé tres tipos distintos de finales para este texto; no me convención ninguno. Había uno especialmente idiota que incluía la palabra “etc” y un final abrupto.


Pero preferí, etc. 

lunes, 2 de mayo de 2016

Los grupos de Whatsapp y tercero de liceo



Primero lo primero. Sebastián Pina me lo advirtió y yo no le hice caso: “no te metas en grupos de whatsapp, Darío. En serio”.

Esto que escribo tiene un público objetivo bastante reducido: hombres usuarios de whatsapp que estén en un grupo de whatsapp compuesto exclusivamente por otros hombres con los que no tienen un conocimiento profundo. Por ejemplo: un grupo de whatsapp de compañeros de trabajo o ex compañeros de trabajo, un grupo de amigos que se ven poco o, como es mi caso, un grupo de compañeros de fútbol, donde conviven amigos cercanos con conocidos, con amigos de conocidos que nunca vi en persona, etc.

Cuando estábamos en el liceo, digamos, en tercer año, era muy fácil saber cuál de nuestros compañeros era sexualmente activo y cuál no. No únicamente a través de relatos de quienes lo eran o decían serlo, sino a través de conductas. Es fama que aquel que más chistes sexuales de doble sentido hace es el que menos coge. A esa edad es inversamente proporcional. Hay estudios. De prestigiosas universidades. Acá justo no tengo ninguno conmigo. Pero hay.

Mi relativamente nueva inmersión en las profundidades de whatsapp me ha hecho pensar en algunas cosas. Por ejemplo en que ese patrón se repite, capaz veinte años después. La mayoría de los  miembros del grupo de whatsapp que desató toda esta reflexión son hombres casados o en pareja hace ya unos años. En el grupo este ya no hay, como en tercero de liceo, quien diga “fa, anduve con esta, y con aquella, y con la otra” por más que la mayoría de las veces fuera mentira y, “andar” fuese darse besos al costado de la adscripción.  O sea que no hay un aviso de “fua, loco, no saben cómo ando cogiendo”, pero sí hay, por el contrario, indicios de insatisfacción sexual.

De la misma manera que en tercero de liceo en la clase de inglés la oración “Pete goes to the supermarket” era leída como “pete goes tu de supermarket” y producía un sinfín de comentarios graciosos con “Pete” que denotaban falta de actividad sexual, algo similar pasa con el envío sistemático, abundante, molesto y exagerado de videos y fotos pornográficas en los grupos de whatsapp antedichos. Luego del tercer video de una rubia de espaldas en la ducha que al darse vuelta resulta ser un travesti me di cuenta que algo andaba mal.
Es decir: ¿qué te lleva a pensar que eso es gracioso y que sería divertido compartirlo? Algún tipo de insatisfacción. O carencia. Carencia de ejercicio en las ramas del árbol biológico.
Ojo, no juzgo la ausencia de actividad sexual: juzgo ,y como algo negativo, lo que se hace con ella. A la hora de sublimar, mejor es compartir citas de Heidegger o reseñas de películas que te gustaron que fotos de rubias que resultan ser travestis bañándose acompañados de un “jaja” o directamente señoritas metiendo cosas por sus cavidades.  

 Ansío el día en que me lleguen videos con una tabla de pronombres personales en alemán para memorizar, una foto con la portada de un libro que me recomiendan o una reseña de alguna película que les parezca buena.
Y lo mismo a la inversa. No me molestaría que digan “Bo, Darío debe estar cogiendo poco: hace una semana que está mandando enlaces para aprender Esperanto gratis en internet”.

Yo no digo que no sublimemos. Digo de sublimar mejor.


martes, 11 de marzo de 2014

He estado observando.


He estado observando.

He observado que “tener”, e incluso “conocer”, son palabras que representan conceptos engañosos, que parten de la estaticidad del Ser, que es una idea tan falsa como denigrante: nunca llegamos a tener a alguien, nunca tuvimos a nadie ni lo tendremos; ni siquiera logramos conocer a quien está más cerca de nuestro sentimiento. Siempre hay una sorpresa, un acto “que no es propio de ella”, siempre hay una traición –que no suele ser otra cosa que un cambio de opinión sin previo aviso-; siempre hay algo que con horror vemos cambiar y, frecuentemente, irse.

Bueno, pues no. No hay tal cambio. Nadie es uno; somos mucho, che, somos demasiado como para elegir el primer número entero mayor a cero para representarnos. No podemos conocer  nunca a nadie totalmente. Y sospecho que no conocer totalmente, es no conocer.

Eso me llevó a pensar si podemos realmente amar a alguien en estas condiciones de extranjería, o si amamos lo que proyectamos de nosotros mismos, en el otro.

Es entendible, supongo, porqué detuve acá mi razonamiento.

martes, 31 de diciembre de 2013

Después se verá


Hay una tendencia que a mí se me hace indiscutible: tendemos a hacerle voluntariamente menos daño a las personas más cercanas a nuestro sentimiento que a aquellas que no lo están. Dicho de otro modo: no le hacemos esas cosas horribles que le hacemos a un desconocido a uno de nuestros amigos. Esto sucede en la mayoría abrumadora de la población. Intentamos no perjudicar a nuestra familia, a nuestros amigos, a las familias de nuestros amigos. Y en la mayoría de los casos, lo conseguimos.
Esta tendencia me hace notar que a los desconocidos, a aquellos fuera del círculo de nuestro amor, los tratamos a veces sin piedad, sin miramientos; sin siquiera pensar si está bien o mal lo que les hacemos. Sin medir consecuencias.
Esto me hace pensar entonces que los que no estamos muy conformes con cómo van las cosas, tendríamos que conseguir correr esa línea que delimita a los queridos de los desconocidos, logrando que les hagamos cosas desleales a menos personas y menos personas intenten perjudicarnos. Hacer la convivencia más agradable y más justa.

La militancia que propongo, según me doy cuenta ahora, se resume en: tener más amigos.
Ser amigo de más gente. Y que otra gente se haga amiga de más gente. Y tratar a la gente según su nueva condición.

Pongo mi espalda para que se me pegue un cartelote enorme de ingenuo anarquistamente idealista que piensa bobadas, pero yo voy a seguir esto que propongo aunque sea el único que lo haga.
Después se verá.


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Universos paralelos

Desde chico me interesó la idea de los universos paralelos, no tanto por la posibilidad de que en un universo diferente haya otro yo, sino más bien por la esperanza de que existan otros lugares donde sucedan las cosas que aquí, por alguna razón, no sucedieron.
Me refiero a esta idea que seguramente alguien pensó antes que yo: los universos paralelos existen únicamente para que suceda lo que aquí no sucedió; es decir que si, por ejemplo, yo opté en una esquina por doblar a la izquierda, toda mi vida, toda las cosas que me hubiesen sucedido si doblaba a la derecha, no me van a suceder aquí, pero sí en un universo paralelo, creado, automáticamente, para cubrir las necesidades resultantes del nuevo escenario (doblar a la derecha). Y así con todas y cada una de las acciones que no se llevaron a cabo. Todas. Cada una de ellas crea un nuevo universo. Un universo completo.
Y cualquiera de esos “nuevos” universos, pongamos por caso el que se creó con un mundo en el que yo doblé a la derecha y no a la izquierda, tendrá luego una serie de opciones que no tomaré (que no tomará ese otro yo) y que darán lugar a otros universos paralelos que contendrán mundos donde esas acciones sí sucedan, donde habrán otras situaciones en las que optar y de las que resultarán otras acciones que no sucederán y que darán lugar a otros universos y esa dinámica sigue y sigue.

Hay algunas consideraciones más sobre esta idea.

Naturalmente los Daríos de cada mundo no sabrán de la existencia de los demás Daríos más allá del plano hipotético, tal cual estoy yo haciendo ahora, y no sabrán qué es lo que sucede en los otros lugares con las opciones que no se tomaron y los caminos que esas opciones tomadas en otros universos han abierto; eso a mí por lo menos no me molesta: con saber que las cosas sucederán –“me” sucederán- en otro lugar, me basta.

Otra cosa a tener en cuenta es que el mecanismo éste se aplica a todos. Es decir que por cada acción que no sucede en este universo se crea otro universo,  y esto sucede sin excepciones, a todos.
Se deduce entonces que la cantidad de universos sería enorme, pero más importante aun: creciente. No me animo a decir que infinita porque hoy me levanté cobarde.

Esto es pensando en el futuro, pero cabe consignar que mi idea de universos paralelos es retroactiva, de modo que se vienen creando universos paralelos desde el Big Bang, o desde antes; tal vez el Big Bang mismo haya sido una acción que no sucedió en un universo paralelo anterior, “original”, y sí en el universo paralelo que la contuvo.

Estas ideas, así presentadas, nos llevan a una sola conclusión casi obvia: nuestro universo no es más que la resultante de una acción que no sucedió en otra parte.

viernes, 6 de enero de 2012

El que elige, no coge



Me acuerdo hace unos años cuando volvía al barrio con un compañero de clase –era una de esas relaciones en las que no hay muchos temas de conversación pero tampoco se puede caminar en silencio durante mucho rato- conversando sobre las virtudes físicas de una compañera. Más que nada, quien hablaba era él; no me acuerdo si la compañera de clase era linda o no, ni cuán linda en caso que lo fuera, pero si yo no estaba entusiasmado es posible que no estuviera tan buena.
El muchacho notó mi falta de entusiasmo. Primero, como se nos ha enseñado de pequeños a los varones, dudó de mi orientación sexual y se mostró defraudado. Luego, cuando le dije –supongo- “pero no me gusta tanto” es que se vino la frase gloriosa, la frase que durante unos años se me había olvidado: el que elige no coge
Hace unos días la recordé, de la nada. Y me sigue causando el mismo rechazo; no sé si es por la cadencia del sonido “ge” en la oración, o por su significado, que viene a ser algo así como “soy un hombre, por lo tanto no puedo discernir entre lo lindo y lo feo, porque, de poder hacerlo, dejaría de ser considerado hombre y pasaría a ser visto como un puto, un débil, un gil; ganas de coger es la única respuesta que se puede tener ante una mujer que nos cruzamos, sea linda o fea.”
La frase la recordé, justamente, porque pensé en algo que se me debió ocurrir antes: ¿qué pensará la novia/esposa del muchacho hoy hombre adulto que me dijo esa frase? No creo que le guste saber que su pareja está con ella, no por decisión propia basada en sus atributos como mujer, sino por el simple hecho de haberse cruzado en la vida y tal vez porque ella manifestó algún tipo de interés.
Debe ser muy gratificante que te digan “no sé si sos tan linda, pero fuiste lo que me tocó, y no voy a andar eligiendo”

viernes, 4 de marzo de 2011

Una vez me dijo Aurelio

Una vez me dijo Aurelio que pensar era algo improductivo; pensar de verdad, comprender por ejemplo que un tenedor está compuesto en última instancia por residuos aleatorios del polvo de lo que alguna vez fue una estrella; entender que el tenedor y el cuchillo que sostenemos en las manos para comer, alguna vez fueron luz, partículas que vagaron por la inmencidad del universo durante tanto tiempo que hasta cuesta imaginarlo.
Me dijo que hay veces que conviene callarse. Me dijo que la lucidez del fatalista, que esa amargura a carcajadas, no es bien vista en los foros de las buenas personas, de los correctos, de los balanceados, de los alineados, de los que saben cómo distraerse bien. Poco a poco voy aprendiendo a saber cuándo debo callarme y cuándo hablar.
Poco a poco.

jueves, 10 de febrero de 2011

Falacia para silenciar moralistas

¡Qué linda!

-¡Ay! ¡Pero es muy chica! ¡Debe tener dieciséis!

-¿Y? Yo solo dije que era linda, nada más; si hubiese dicho “qué fea” vos no me hubieses dicho que era chica ¿no? ¿No ves que edad y belleza son variables independientes?

viernes, 21 de enero de 2011

Vacaciones

Día 1

Nota uno: Ajenjo.
El ajenjo no tiene la mejor de las relaciones con algunos de mis órganos. El ajenjo de origen Francés tiende a ingresar lentamente, a tragos precavidos pero incendiarios por la boca, y a salir rápidamente, horas más tarde, por el mismo lugar.

Nota dos: Mito.
Que caminar en la arena es recomendable cuando uno tiene una rodilla inflamada es un mito. Pude comprobar que no solo aumenta la inflamación, sino que aumenta también el dolor, considerablemente.

Nota tres: Arena.
Está todo bien con la arena cuando es de noche. Y está todo más que bien cuando la luna está así de preciosa.

Nota cuatro: Juego.
Caminar por la playa, descalzo, de noche y con los ojos cerrados resultó ser extremadamente divertido; en especial resultó divertido caminar por la orilla y sentir el sonido de las olas que reventaban cerca. Sentir el "tsss" del agua llegando a mis piecitos descalzos fue divertido.

Día 2

Nota uno: Novedad.
Caminar por la arena blanda no tiene poderes curativos como dije antes, pero hoy descubrí que sí tiene un poder similar: caminando con mi rodilla inflamada pisaba distinto, mal, y terminé agravando una vieja lesión en el tobillo, de modo que no hubo más dolor en la rodilla (o al menos no "recordé" que me dolía) porque mi tobillo decidió tomar protagonismo.

Nota dos: Distancias.
Cuando mis amigos dicen "queda acá nomás", no queda "acá nomás"; queda lejos.

Nota tres: Luna y árboles, para variar.
Si bien la luna estaba preciosa y grandota, fue difícil seguirla con la mirada; lo mismo sucedía con las copas de los árboles. Habían demasiados pozos y era fácil tropezar.

Día 3

Nota uno: Hoy fue mi tercer día sin café. No puedo. No es humanamente posible mantenerse despierto sin café. Definitivamente no me gusta el mormonismo.

Nota dos: La falta de café me ha quitado las ganas de escribir estas notas.

Día 4

Nota uno:

domingo, 16 de enero de 2011

Lo inevitable

Antes escribía cosas que me causaban gracia porque me parecía lo único que valía la pena.

Después me enamoré de Florencia, pero ella estaba enamorada de otro, y ahí me di cuenta que el amor –en especial el amor negado- es un tema inevitable.

Y se murió mi abuelo, y me di cuenta que lo peor no es enterarse que alguien que querés y te acompañó toda tu vida se murió, sino descubrir en los actos más mundanos que no va a estar más y que el mundo sigue andando como si nada. Escribir sobre esa sensación, o motivado por esa sensación, también es inevitable.

Y ahora no solo escribo cosas que me causan gracia, pero cuando lo hago, me produce más placer y lo hago con más entusiasmo. Mis carcajadas parecen desesperadas, pero son carcajadas nomás.

martes, 4 de enero de 2011

El que mata, tiene que morir

El que mata, tiene que morir. Así lo escuché en la tele. Y la verdad, da para pensar. Digo, yo lo hice. Y entonces:

El que mata, tiene que morir. Pero el que mata tiene que morir en serio. En serio de veras.

Entonces si alguien mata, ese tendrá que morir, pero ese alguien que tiene que morir tendrá que ser matado por otro alguien, y ese otro alguien habrá matado, de modo que tendrá que morir. Pero entonces, ¿quién lo matará? Otro alguien que también tendrá que morir será quien se haga cargo del asunto, y ya alguien deberá hacerse cargo de matar al que se hizo cargo del asunto, dejando entonces la necesidad de que otro alguien mate a quien mató, y a la vez, sea matado por haber matado, por otro que habrá de ese modo matado y deberá ser matado por haber matado. Y así.

Peeeeeeeero, no hay que quedarse en la cortita. Hay que analizar el tema en profundidad: el que mata, puede matar directamente o indirectamente; es decir: puede darse el caso de que en un crimen haya un autor material, y un autor intelectual. Lo mismo sucede en este caso de “el que mata, tiene que morir”. “Quien manda matar, también tiene que morir”. Entonces, quien mande matar, ¿deberá ser matado o deberá ser mandado matar? ¿Qué vacío legal, eh? Yo creo que tendría que ser mandado matar por alguien que será el autor intelectual que será mandado matar por otro que seguirá luego su suerte, siendo el segundo eslabón de una cadena que permitirá la existencia de dos grupos de gente que tendrá que morir: por un lado los que matan, y por otro los que mandan matar.

Y todo terminará, seguramente, cuando estemos todos menos uno muertos y el informativo se quede sin televidentes y sin contenido.

O, cuando encaremos un poquito el asunto y nos demos cuenta que matar está mal, y que decir “el que mata tiene que morir” y seguir como si nada porque después de todo “yo no lo voy a hacer, va a ser el Estado” o “lo resolverá la Sociedad” es de hijo de puta, de cobarde, de cínico, de fascista, de imbécil, de no-humano, de inmoral.

Me parece.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Comportamientos en el ómnibus y su trasfondo psicológico

Este texto es un guión utilizado en una columna del programa Todos Contra Todos, del cual participo, que puede ser oído los Domingos de 16 a 19 en www.radioactivafm.org o en el 102.5 de su dial en algunas zonas de Montevideo.

Comportamientos en el ómnibus y su trasfondo psicológico

Hay, si no me equivoco –y seguramente me equivoco- tres grandes tipos de personalidades.

La personalidad neurótica, la personalidad psicótica y la personalidad fronteriza.

Neuróticos, psicóticos y fronterizos: estereotipos para ilustrar

El neurótico experimenta culpa, necesita aprobación de los demás y experimenta culpa, y experimenta culpa. Y culpa.

El neurótico es habitualmente descripto como…Woody Allen.

El psicótico, en cambio, no experimenta culpa, no le importa mucho qué es lo que sucede a su alrededor siempre y cuando consiga lo que desea. Se lo describe habitualmente como un ser egoísta que vive en una burbuja. Un buen ejemplo sería el personaje de Seinfeld, George Constanza.

El fronterizo por otra parte, es aquel que está más jodido. Es más proclive a sufrir de trastornos severos de personalidad y en encima su denominación se puede prestar a confusión y hacernos creer que solo las personas nacidas en Rivera, Artigas, Cerro Largo o algún lugar cercano a una frontera pueden ser fronterizos, cuando en verdad no se trata de eso. Puede haber Fronterizos en Durazno y neuróticos en Rivera.

El fronterizo es habitualmente descripto como alguien proclive a las mudanzas, a los cambios bruscos de apariencia y gustos estéticos.

Un ejemplo de este tipo de personalidad que se me ocurre es Ruben Rada

Hasta aquí, estoy brindando nada más que información –falseada, llena de verdades a medias- que debemos tener en cuenta para pasar al siguiente punto, que es el verdadero descubrimiento:

Los comportamientos de los pasajeros en los ómnibus son CLARAMENTE vinculables a estos tres tipos de personalidad. Y esto que digo, no es simplemente que se me ocurrió; tengo años estudiando la materia.

Situación: una persona que viaja sentada se para, y deja su asiento libre.

Un pasajero neurótico miraría a su alrededor, buscaría la aprobación de otra persona antes de sentarse; ni hablar que si una persona de la tercera, cuarta o quinta edad está en el ómnibus le cederá el asiento –lo mismo que a una mujer embarazada, a un niño o a un mormón- ; y vale decir que para que una pasajero neurótico se siente el asiento tiene que quedar libre frente a él, y no haber otros candidatos cerca. Sino, a viajar parado.

Un pasajero psicótico en esa misma situación se sentaría sin problemas si el asiento queda vacío frente a él. Pero incluso, si el asiento libre está lejos de su posición, se arrimará, impedirá el paso de los demás, fingirá lesiones que no tiene, desmayos falsos o algún otro tipo de artilugio para hacerse del lugar. Gran parte de la población de pasajeros psicóticos son señoras mayores. Y en especial señoras mayores con bolsas.

Un pasajero fronterizo probablemente reaccione de un modo intermedio al de las dos personalidades analizadas antes, sentándose si el asiento queda libre frente a él. El tema curioso ocurre luego, cuando el ómnibus se va vaciando, y el pasajero fronterizo comienza a vagar por el ómnibus, cambiándose de asiento de un lado a otro, porque en uno da el sol, porque se desocupó allá adelante uno individual, porque de aquel otro lado se ve más lindo para afuera, etc.

Otros aspectos a tener en cuenta al viajar en ómnibus:

El pasajero sádico.

Habitualmente se trata de una señora mayor, pero también lo puede haber de otros rangos etáreos; suelen estar armados con bolsos, carteras, mochilas, tablas de dibujo, agendas de tapa dura o paraguas con punta. Son verdaderamente peligrosos, en especial en los ómnibus llenos.

El escolar.

El niño es malo. Y esa maldad se potencia cuando tiene mochila y corre por el pasillo del ómnibus.

La señora mayor dispuesta a matar si no consigue un asiento rápidamente.

El chofer del ómnibus que juega a los bolos con los pasajeros frenando de golpe.

Las pandillas de gnomos que suben a tirarle chumbitos babeados a la gente que viaja sentada.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Ulertzea

Me gustaría saber cómo hacen para seguir viviendo como si nada cuando ven una mujer espectacular, de esas inaccesibles, de esas que te miran de reojo como si les diera lástima que las miraras o esas que ni siquiera se dan cuenta que estás ahí.

¿No les da ganas de llorar? ¿No se sienten miserables? ¿Será que no ven lo que yo veo? ¡Y encima pueden dormir de noche como si nada!

Si hasta les parece perfectamente normal. “Y es así”, me dicen.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Todo sobreactuado

Y ahora parece que los tipos son una mierda, todos traicioneros, todos mentirosos, todos adúlteros.

Y ahora parece que todos actúan un papel, que sus vidas son especiales, llenas de vicisitudes, de alegrías contundentes y de depresiones estrepitosas.

Y ahora parece que todos están tristes, sufriendo por amor, con el dorso de la mano apoyado en la frente y los ojos cerrados, levantando el mentón.

Y ahora parece que hay que llorar y avisarle al resto; y que se sufre siempre y cuando alguien lo vea, en la red social, o en el mundo de veras.

Y ahora parece que las mujeres son todas manipuladoras, sutiles y crueles, como las malas de las telenovelas.

Y ahora parece que hay que matarlos a todos, porque todo indigna, todo ofende, todo lastima.

Y ahora parece que a los 16 años se debe obrar como a los 30, y a los 30 como a los 16; porque todo es todo, y nada es nada.

Y ahora parece que la vida pierde su realismo; parece que la realidad es creíble siempre y cuando imite –con mayor o menor éxito- a la realidad de la ficción guionada.

Y ahora parece entonces que se ama como en la tele, se corteja como en la tele, se teme como en la tele, se reacciona como en la tele.

Y ahora parece que es todo como una novela. Los prejuicios son de telenovela, las expectativas son de telenovela, la nostalgia es de telenovela, la esperanza es de telenovela. Todo sobreactuado.

Yo apagué la tele hace unos años. Jamás sospeché que su programación me rodease, incluso con el televisor apagado.

viernes, 1 de octubre de 2010

Tetas y charlas interesantes (valga la redundancia)

-¡Señor! Mis tetas están más abajo.

-¡Oh! Disculpe señorita que no le mire a las tetas, es que estaba prestando atención a lo que usted decía.

Había una vez una mujer con unas tetas hermosas, medianamente grandotas, levantadas y bamboleantes; harta de no ser escuchada con atención por sus interlocutores –que se dedicaban a mirarle las tetotas- resolvió instruirse y transformarse en una mujer de charla interesante, al punto de desplazar, en la medida de lo posible, las miradas desde sus tetas hacia su cara. Después de un tiempo tuvo éxito y se transformó en una mujer hermosa e inteligente.

Señorita, nótese que:

la adquisición de una charla interesante aumenta su belleza.

Había varias veces una mujer sin unas tetas hermosas, ni medianamente grandotas, ni levantadas ni mucho menos bamboleantes, que harta de no ser mirada a las tetas decidió suspender todo tipo de charla interesante, para desplazar las miradas desde su cara a sus tetas. Velozmente tuvo éxito en su empresa y se transformó en una mujer fea y estúpida.

Señorita, nótese entonces que:

la ausencia de una charla interesante no aumentará la exuberancia de su busto.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Miseria

Compadezco a quien nunca haya llorado, o lagrimeado, al escuchar a Zitarrosa en un día de lluvia; una persona incapaz de pasar por esa experiencia sufre de una gran gran gran gran y penosa miseria.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Apuntes históricos: La Guerra Fría

La Guerra Fría fue un episodio lamentable para la humanidad; fue un conflicto entre dos bloques ideológicos con proyectos imperialistas: por un lado, los Estados Hundidos de América, y por el otro la Unión de Repúblicas Socialistas Diabéticas.

Si bien el enfrentamiento surge como consecuencia de la situación político – militar resultante de la Segunda Guerra Mundial, bien puede decirse que ambos bandos se tenían ganas. Y esas ganas que se tenían las resolvieron, como tantas otras veces a lo largo de la historia, tirándose cubitos de hielo. Ya fuese en Vietnam, como antes en Corea, en Afganistán o en la Alemania dividida, la lluvia de cubitos de hielo de un lado a otro de la cortina de hierro fue algo constante. Se recuerdan aun episodios como la colocación por parte de la Unión Diabética de una catapulta-tira-cubitos-de-hielo en Cuba, apuntando directamente hacia los Estados Hundidos, lo que desembocó en la también memorable Invasión de la bahía con cochinos en la que los Estados Hundidos y disidentes cubanos de la revolución de William Castro intentaron invadir Cuba lanzando cientos de chanchos rumbo a La Habana a través de la playa de La Agraciada; lo que supuso un gran error estratégico y un duro revés a la campaña de invasión, principalmente porque la playa de La Agraciada no se encuentra en Cuba, sino en la Banda Oriental.

Otro episodio memorable de La Guerra Fría fue la guerra de Vietnam, donde en otro grandísimo error estratégico el ejército americano pretendió vencer a la guerrilla del King Kong- apoyada por los Diabéticos-, lanzando cubetas de hielo en una selva calurosa como la de Vietnam; ¡Hay que ser pelotudos!

De cualquier modo, a pesar de los errores estratégicos de los americanos y de las ventajas apreciables de los Diabéticos para conseguir hielo y nieve en la madre Rusia, La Guerra Fría fue en extremo pareja. Esto se debió en parte por el ataque constante de los Estados Hundidos a las provisiones de insulina de la Unión Diabética y a la propensión de éstos últimos al consumo de alcohol. Está claro que diabéticos desesperados por la falta de insulina, y encima borrachos, no pueden triunfar en un conflicto bélico.

Hoy en día La Guerra Fría es cosa del pasado (no en vano forma parte de estos Apuntes de Historia) pero en los últimos años el mundo a comenzado a temer un nuevo enfrentamiento de esa escala a raíz de las tensiones entre los Estados Hundidos, que pretenden la exclusividad de posesión de cubeteras de hielo, y la República Popular de Corea e Irán. Los coreanos afirman cosas incomprensibles acerca de sus motivos para tener cubeteras de hielo, y son incomprensibles fundamentalmente porque las cosas las afirman en coreano, y el coreano no se entiende.

Irán por su parte, con Mamút Imagine ¡ya! a la cabeza, alega que las cubeteras que poseen son exclusivamente para desinflamar tobillos en caso de esguinces; porque es bien sabido que los iraníes, al correr en chancletas en la arena, suelen esguinzarse re fácil. Pero con ellos nunca se sabe.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Desacomodo

Me desacomoda mi optimismo de los viernes de madrugada: ¿y qué si vivimos en una especie de pre-historia? ¿Y qué si vivimos en una pre-humanidad?
Uno se distrae un ratito de distraerse, y la vida te pega un mordiscón.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Bien sabido es que las mujeres son más lindas en un día soleado y caluroso de invierno que en un día caluroso de verano; al menos eso es bien sabido para mí; y es bien sabido desde hace relativamente poco como para concluir esta reflexión de un modo satisfactorio. Tendré que seguir investigando. Tendré que mirar con atención a más mujeres y tendré que esperar más días soleados y calurosos de invierno; tendré, tendré, tendré; obligaciones abrumadoras.