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jueves, 3 de septiembre de 2020

Durán, vianda, miedo, fruta y papel film


 

Es difícil decirse te quiero

con las botas embarradas

descargando cajones

o armando las viandas

en ese silencio de hambre

interrumpido

por la bronca indisimulable

de nuestras miradas.

 

Es difícil decirse bo cómo me gustás

en ese regreso de derrota,

frío, fatal,

desde donde el balastro

abandona Durán

hasta donde se transforma

en calle de ciudad.

 

Es difícil decirnos soy feliz

sin pensar en los ojos avergonzados,

humillados, resignados,

que vimos allá.

No importa cuántas cenas

calentitas,

iluminadas,

protegidas,

bajo techo,

podamos tener acá.

 

Ahora

mientras veo el lóbulo de tu oreja

asomar por debajo de tus pelos

pienso en decirte todo esto

ni bien te despiertes,

ni bien deje de fingir que también duermo,

cuando pueda dejar de pensar,

cuando no esté escribiendo en mi mente,

moviendo los labios,

oyendo mis palabras, 

en silencio.

 

¿Alguna vez se podrá querer

sin estar rodeados

de tanto miedo?

martes, 8 de noviembre de 2016

Sombras y zetas


Capaz no te diste cuenta
pero todo este tiempo
cargaste con sombras ajenas.

La luz de los faroles
que te alumbraban, apenas,
te hicieron seguir
por sombras ajenas.

Es que vas siempre tan cargada
con tus bolsos,
con tu historia,
con mis miedos,
con mis penas,
que seguro no te diste cuenta:

Cargabas con sombras ajenas.

Y ayer, de reojo,
por primera vez vi tu sombra:
era una,
era tuya,
era rara,
era intensa,
era auténtica.

Me descubriste mirándola,
absorto,
por primera vez.

Me hablaste
y entre el eco de tus zetas
me di cuenta
que no hubo escudo para tu voz.

Ni piel,
ni carne,
ni hueso,
ni nada.

Ahora decime, te toca a vos:


¿Son mías estas sombras con las que cargo yo?


viernes, 28 de agosto de 2015

Los cien días de Napoleón


El regreso no existe,
ya sé,
pero la tentación era mucha.
Creo que eso me justifica.

Cuando después de tanto tiempo
 te volví a ver
me quedé con la mirada fija  en tus ojos,
y los vi tristes, apagados,
dolidos. 
Eras otra.

Eso duró menos de un segundo.

Después vino tu sonrisa,
claro,
y tu sonrisa tapa todo.
Tu sonrisa da vida. Y yo necesitaba.

Me iluminaste,
pero del pecho para adentro,
que es el mejor lugar
que me podías iluminar;
había tantas luces, tantos colores,
que todos los demás
caminaban a tientas,
enceguecidos.

Pero se me fueron los días volando.

No pude volver a Francia
a terminar
lo que habíamos dejado pendiente.

Se me fueron los días y no hubo vuelta.

Anoche eras una sombra.
No sé qué pasó,
pero eras una sombra
de aquella que fuiste antes.

Y ahí se me oscureció todo,
del pecho para adentro.

Sabía que la oscuridad
daba miedo;
no sabía que además dolía.

A lo mejor da miedo porque duele.

No sé.

Hoy me desperté
y me miré al espejo:
tenía  tus ojos tristes
y no tenía sonrisa.
Me estuve mirando un rato,
en detalle.

Y ahí decidí quedármelos:

a lo mejor así,
la tristeza de los ojos,
se te va,
para siempre.

Permitime al menos,
conservar mi sombrero,
mi uniforme,
tus ojos tristes
y mi ingenuidad.


lunes, 8 de diciembre de 2014

Ojitos brillosos frenéticos


Ayer soñé que te decía cosas, 
en un lugar desconocido,
sentados en un sillón
que ni vos ni yo tenemos.

Soñé que te decía
que más allá de tu lindura que eriza,
y de eso que hacés
cuando te acomodás el pelo,
lo que más me gusta
es la carita que ponés,
cuando a propósito,
te hago preguntas
difíciles de contestar.

Soñé que te confesaba
que te preguntaba cosas
sólo para ver tu cara pensativa,
tu gesto de "esto no lo había pensado",
tus ojitos brillosos en movimiento,
de izquierda a derecha,
de allá para acá.

Pensás muy lindo, la verdad. 

Esto no te lo dije en el sueño;
te lo digo ahora:

te cambio todos los libros de Borges
y todas las canciones que me gustan
-y si no te alcanza,
también los helados de limón
que podría tomar de acá a que me muera-,
por un ratito más.
Un ratito más de vos
con tu cara de estar pensando.

Para todo lo demás,
no sé si me quedará
algo para ofrecerte.

Mirame.

Y ya que estamos,
decime qué te parece:

Si no existiera
el dolor ni la muerte
¿existiría el miedo?



Ojitos brillosos frenéticos.






jueves, 23 de octubre de 2014

Otro chau más


Cuanto más tiempo pasa,
claramente,
mi recuerdo de vos
pasa a ser más que nada
un recuerdo de mí;

es decir:
vos,
además de anécdotas,
miradas que no olvido,
perfumes,
recuerdos de felicidad al sol,
entre pastos,
o caminatas bajo la lluvia
sos, básicamente: yo.
O más bien
sos mis deseos
proyectados en tu recuerdo.

Poco a poco entonces,
me voy alejando
de lo que realmente eras,
para acercarme, tímidamente,
a paso lento pero inseguro,
a lo que soy yo. Hoy.

Esta es mi manera de despedirme,
no de vos, que ya sos otra,
sino de mí,
de lo mío que quedó
en el recuerdo que tengo de vos.



domingo, 3 de agosto de 2014

Los sueños de todas las demás personas

Anoche soñé que nunca más
iba a soñar contigo.

Soñé
que nunca más iba a verte sonriente
entrometida
en los inventos que mi inconsciente
se esmera en fabricar de noche,
y en recordarme,
en la mañana.

Soñé que nunca más
iba a soñar contigo;

no me desperté horrorizado,
seguí soñando, con horror,
en un mundo onírico
que no te iba a tener,
nunca más, a vos.

Hoy de mañana viajé pensando
en qué terrible sería
que no te soñara más:

pensé, que de alguna manera,
es como si existieras menos,
como si hubiera
menos vos en el universo.
En ese viaje se me erizó
hasta lo que no tengo.

La verdad es que no soy afín
a tomar en serio
todo lo que alguna vez
me vaticinan los sueños,
pero tratándose de vos
el tema es más delicado
y no viene mal andarme
con algunos cuidados.

Soñé que nunca más
iba a soñar contigo;

pues bien:

a partir de ahora,
tendré que soñar los sueños
de todas las demás personas,
como si fueran míos.


Hasta que aparezcas de nuevo.


jueves, 27 de marzo de 2014

De poco y nada

De poco y nada valieron,
de poco y nada valen,
todos los momentos
en los que no te miré.

De poco y nada valen,
de poco y nada valieron
todas esas cosas
en las que posé mi vista
y que no eran vos.

De poco valen las nubes,
las copas de los árboles,
las olas del estuario
dándose de lleno
contra las rocas de la rambla,
las estrellas agujerito
pavoneándose tan blancas
en las noches por mi ventana,
o los alfileres gotita
de las tardes otoñales.

Maldito todo aquel momento
en el que no te miré.

Entonces, malditas las nubes,
malditos los árboles,
los estuarios, las rocas,
las estrellas, las noches,
mi ventana, la lluvia,
el otoño.

Maldito todo aquel momento
en el que no te miré,
porque tus rasgos
se me van desdibujando
de la memoria,
porque sé
que se me van a ir
para no volver,
tal cual vos,
cuando optaste por irte,
para no volver.

Maldito todo eso,
pero nunca,

nunca, nunca, nunca,

nunca,

nunca maldita vos.

A vos, siempre,


sonrisas con la mirada perdida.

jueves, 20 de febrero de 2014

Esconderse de la vida

Los niños, cuando tienen miedo
se esconden,
se tapan la cara,
cierran los ojos,
se tapan bien hasta arriba
con la frazada.

Los más grandes, cuando tienen miedo
abandonan la frazada
y se esconden tras sus hijos,
o tras una planilla Excel,
detrás de la cuota del auto,
detrás de unas rejas,
detrás de un portón,
detrás del disfraz
de la camiseta
de Peñaral o Naciorol,

detrás de la cerveza o el vino,
o detrás de la receta
del antidepresivo.

Yo, en cambio,
me escondo de la vida
recordándote a vos:

tus gestos,
las cosquillas,
tus miradas,
tus risas;
incluso tus maneras frescas
de esconderte de la vida
cuando la que tenía miedo
eras vos.

Recuerdo, y me escondo de la vida.

No sé si mis miedos
serán los mismos que los tuyos.


Pero quería mentirte

y decirte que en esto, no estás sola.


miércoles, 29 de enero de 2014

De esos que escriben así

Sí, estoy en el siglo equivocado.

Sí, siento como propias,
derrotas ajenas.

Sí, perdí en la guerra civil del 36,
y me masacraron a balazos
cabalgando con Mahkno
en las afueras de Guliay Pollie.

Sí, dije.

Porque se me llenan los ojos de lágrimas
cuando pienso en mi abuelo,

porque me entristecen las vías vacías
y el silencio absoluto de domingo
en la estación de trenes de Peñarol

y porque inexplicablemente
todavía me apuñala la culpa
cuando miro con deseo
a una que no es vos;

porque me enternece hasta erizarme
escuchar de noche
Milonga para una niña
y Louse House at Kilkenny,
de los Dubliners,
cuando se larga a llover.

Un nene muy imbécil, sí,
de esos a los que les duele
no saber qué hubiera pasado
con la mujer que les cruzó una mirada
y no vieron nunca más.

Uno de esos.

Muy inmóvil,
muy dorso de mano en la frente,
muy vino,
muy noche,
muy silencio,

y poca cosa más.



De esos que escriben así.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Yo ya tengo equipo



Tal vez sea una forma muy mezquina de decirlo
pero no encuentro otra:

no conozco nada en el mundo
que me sea más útil que mis amigos.

Hablo de esos a los que en segundos
les descubro señales de borrachera,
de nervios, de enojo, de tristeza;

hablo de esos
que han evitado decir algunos nombres
que me pondrían muy triste,
de esos que fingen,
o mejor aun,
que han olvidado por completo
la fecha de mi cumpleaños
y me dejan tranquilo
en esos días difíciles.

Son esos, los de allá,
los que se ríen libres
y no me juzgan por reírme solo.

Esos
con los que podría quedarme callado
durante horas
sin el menor reproche,
sin la menor culpa,
sin la menor incomodidad.

Esos que me pasan el vino
cuando más lo necesito,
y los que me lo sacan
cuando empiezo a hablar
del traidor Urquiza
o cuando estoy por llorar.

Esos a los que más me parezco
y que están ahí,
sin entenderme del todo,
para explicarme bien clarito
qué es eso de la otredad.


Esos, los que están más cerca,
los que me hacen entender
que siempre
estamos solos con nosotros mismos,
y que sin embargo
nunca niegan una carcajada
al unísono y desesperada.

Esos.

Dolina dice que en el barrio
para armar un cuadro de fútbol
uno terminaba siempre
eligiendo a sus amigos,
sin importar mucho cómo jugaban,
ni si iban a ganar.

Porque para perder,
mejor perder con amigos,

y ni te cuento para ganar.

Que me disculpen
Zidane, Riquelme,
Iniesta, Messi;


yo ya tengo equipo.





domingo, 25 de agosto de 2013

Después de la señal

Hola, sí ¿me pasás con vos?

Ah, bueno,
no sé, yo igual te cuento:

era para decirte
que me parece injusto
que el tiempo pase siempre para allá,
para adelante,
que no se pueda volver,
o al menos
que no se pueda parar.

No sé vos qué opinás.

Era para pedirte
si podés volver a aquel momento
ese que no hace falta describir,
y ser aquella que eras,
que tampoco te necesito explicar,

porque resulta
que yo quiero volver a ser
aquel que era,
en aquel momento.

¿Podrás creer?

Avisame cuando escuches este mensaje.

O mejor ni me avises:
viajá  nomás a aquel momento
y nos vemos allá.

No te olvides de llevar tu risa.


Tu perfume no; ese todavía lo tengo.






martes, 16 de julio de 2013

Bere heriotza


Le desconfío a las palabras
cuando se trata de estas cosas;

de esas pelotas de angustia
de esas lágrimas
que escalan gargantas,
que cierran estómagos,
que no dejan dormir;

todo por caprichosas,
todo por no querer salir.

Es que es todo raro.

Es, en definitiva,
algo tan mediocre,
algo tan egoísta,
algo tan simple, como esto:

es querer saber
si antes de que te mataras
estuve aunque sea un segundo
en tus pensamientos.

Es querer, y no poder.

Es querer perpetuarse
en alguien que ya no está.

Y es también un poco
que bere heriotza

da nire heriotza.

jueves, 6 de junio de 2013

Un poema de esos que escriben algunos, en algún momento



Hoy estaba pensando
que nunca escribí un poema
de esos que escriben algunos,
en algún momento,
con confesiones y secretos
como por ejemplo:

que casi no distingo al azul del violeta,
que mi nota preferida es el fa sostenido,
que me da gracia la palabra claqueta
y que no necesariamente
me tienta todo lo que está prohibido.

Que me gustan más los árboles en otoño,
que dejo toda enrollada la ropa
y que cuando como arroz
lo como con cucharón de sopa.

Que imaginarme del otro lado del espejo
me fascina
o que te extraño pila
y que a veces me muero del miedo.

Que tengo muchas cosquillas,
y que me intrigan los caminitos 
de las hormigas;
que me da vergüenza gritar “puerta”
cuando el ómnibus no frena en mi parada
o que me siento poderoso con la pelota
cuando hago una buena jugada.

Que al final no estoy tan de acuerdo
con lo que decían Nietszche y Bukowski;
que yo no condeno a los suicidas
y que disfruto muchísimo 
contando mentiras.

Que mi gusto de helado preferido 
es limón;
que honestamente no entiendo 
que para algunos
el amor entre homosexuales 
sea un problema
y que además no sé muy bien
dónde terminar este poema.


Tal vez en el verso anterior.

viernes, 10 de mayo de 2013

Así de rojo


Me desperté así,
sin piel,

así de rojo,

así de en carne viva.


Y ahora cualquier cosa,

cualquier roce,
cualquier beso,
cualquier pellizco,
cualquier caricia,

me hacen doler.

Estoy rojo,
y ya ni distingo
la sangre de la piel

y las lágrimas que se me salen
también me hacen doler.

Hoy es uno de esos días, che.







domingo, 7 de abril de 2013

Milonga para un Otoño


Que no me podés entregar
un corazón apagado,

y que si falla el del costado
no hay nada que conversar,

lo sabe tanto don Alfredo,
como bien claro lo tengo yo.

Pero es que el Otoño
se me trepa por la espalda

y me susurra al oído
algún que otro crujir de hojas lindas,
resecas,
de las que se aplastan al caminar.

Y sobre todo me susurra,
en los silencios,
en mis miradas perdidas,
en los recesos de la evasión,

que por acá, alguna vez, estuviste vos.

Y yo nunca fui bueno soltando la mano
a lo que ya no está.