lunes, 8 de marzo de 2010

Habla solo

Ricardo está en su casa, ordenando cosas en su cuarto, con la tele prendida y un juego en pausa en la computadora; Ricardo está hablando solo. Se dice cosas, se trata de convencer. Afirma, se pregunta, y luego vuelve a afirmar. Ricardo se cuestiona si no se estará quedando loco.

Desde otra parte de la casa, la mamá de Ricardo le grita “¿qué?” y él le responde, mecánicamente “nada mamá, estoy hablando solo”.

Suena el teléfono. Ricardo, ya en silencio, espera que su madre atienda. El teléfono sigue sonando.

Y suena una vez más.

Ricardo le pregunta a los gritos a su madre si va a atender, pero no tiene respuesta.

El teléfono vuelve a sonar y Ricardo camina hacia la sala y atiende. Es su madre que llama desde el trabajo para ver cómo está, y para darle algunas indicaciones sobre el cuidado de la casa.

Ricardo vuelve a su cuarto, pensativo.

viernes, 5 de marzo de 2010

Esas cosas ideológicas

Mi padre siempre fue empleado, salvo por un pequeño pasaje en el que ejerció como carpintero independiente. Ahora tiene 56 años, tiene problemas de presión, problemas cardíacos, stress, se está avejentando más rápido que su hermano mayor, dueño de un viñedo con su vida solucionada desde su casamiento. Mi padre es de las mejores personas que conozco y estoy muy orgulloso de él, como padre, como hombre, como todo. Lo ví comer tostadas de pan viejo con manteca y sal como almuerzo y cena, para que yo pudiera tener tres comidas dignas. Creo que eso lo dice todo.


Ahora, lo veo viejo, empieza a estar sordo, tiene dolores físicos que no corresponden con su edad. Trabajó y trabaja con la dignidad de un pobre, con el sacrificio de un pobre, con la honestidad de un pobre, que dicen por ahí es la mayor riqueza. Mierda. Pura mierda autocomplaciente de un hijo de puta. Mi padre merece estar descansando ahora. Mi padre merece horas libres para poder tallar en madera, hacer cuadros, dibujar. Mi padre no merece tener problemas en la vista que le impidan ver con claridad y hacer aquellas cosas artísticas para las que tiene talento.

No. No merece eso. No mereció abandonar el dibujo en su mejor momento físico e intelectual. No mereció eso. Probablemente haya sido feliz. Probablemente lo sea.

Pero no es justo que no haya podido desarrollarse como persona de acuerdo a su talento. No es justo que por pobre, por trabajador, le duelan los huesos. No es justo que le duelan las rodillas simplemente por ser el hijo de un obrero de Inca. No es justo que haya trabajado más que sus patrones del piso de arriba, los de traje y corbata. Así de simple. No es justo.

Y ahora pregunto. ¿Cómo me zafo yo?

¿Escribiendo?

¿Pensando?

Si ya visité a la psiquiatra, tomo pastillas y apenas puedo dormir. Y no pasé aun por nada de lo que pasó mi padre.

Hay algo acá que va mal.

lunes, 1 de marzo de 2010

Conversaciones en la noche

Si tan solo no fuese

porque estoy solo,

hablándole sonriente

a una mujer

que es una almohada,

podría decirse

que mi vida amorosa es exitosa.





domingo, 28 de febrero de 2010

Literatura ruidosa

Ya no sé qué hacer con mis libros. Por las noches mientras intento dormir hacen un ruido impresionante. Se abren y se cierran; las hojas pasan violentamente; creo que las palabras pasan de un libro a otro; creo que alternan su orden, su lugar; creo que desobedecen reglas de sintaxis e incluso idiomas. Se mezclan todas, ruidosamente. Sin embargo, cuando prendo la luz y reviso los libros, todo parece estar en orden.

sábado, 30 de enero de 2010

Hazlo tú mismo

Fabrique su propio chiste; complete la historia y déle su propio final humorístico. En la próxima reunión de amigos usted será el alma de la fiesta.


1

Un joven está cenando en la casa de su novia; además de su amada, sus suegros se encuentran en la mesa.

- ¿Qué pretensiones tiene con mi hija?- dice el padre

Justo en ese momento entra corriendo el jardinero, con un pepino en la mano.

El joven mira al padre de su novia y le dice: _________________________________


2

Hay una joven muy linda en la parada del ómnibus. Un tipo se acerca sigilosamente, pero sin quitarle los ojos de encima. Luego de unos segundos de observación de arriba abajo, el tipo le dice:

-Tas tan buena que te masajearía hasta el intestino grueso.

La joven, con cara de asco, le dice:_____________________________________



3

Está Jesús en la última cena, pensativo, luego de haberle dado el pan y el vino a los discípulos.

- Esto está re duro- comenta Simón Pedro, tratando de quebrar una rodaja del pan, haciendo fuerza con ambas manos.

-¡Ja! ¿Y lo mío entonces?

- ¿A qué se refiere, maestro?

- La magdalena me dijo que me va a abandonar y que me tengo que hacer cargo de los botijas. Me voy a_________________

jueves, 7 de enero de 2010

Tripa y el alfabeto

Los amigos de Leonardo decían que querían tomar ácido para experimentar algo que nunca habían hecho, y Leonardo se interesó por el tema. Acordaron, en una breve charla, tomar LSD en navidad. Todos iban a poner un poco de plata para comprar entre todos unos cartones y, entre todos, pasarla bien.

Leonardo se puso ansioso; faltaba mucho para navidad. Cuando llegó a su casa miró de reojo el televisor nuevo que se habían comprado sus padres y la cara se le iluminó: era un televisor LCD, pantalla plana, nuevo, reluciente. Leonardo se puso de rodillas, con sus manos sostuvo el televisor por los costados, y comenzó a lamer la pantalla. Estuvo en eso unos cuantos minutos, hasta que notó una presencia a su derecha.

-¿Qué hacés, Leo?- preguntó, asombrada, su mamá.

-No jodas- respondió Leonardo.

-¡Leonardo dejá de lamer la tele!- dijo la mamá, ya enojada.

- Te dije que no jodas. Ya sé que no estás ahí, que te estoy imaginando.

Su mamá dijo más cosas que él ignoró. Solo pensaba en que el ácido le estaba pegando y en cuánta envidia iban a tener los amigos cuando les contara.

jueves, 24 de diciembre de 2009

La fábula de la hormiga y el cigarro.

Es un hermoso y soleado día de verano; la hormiga y el cigarro están a la sombra de un árbol.

- ¿Qué estás haciendo?- preguntó el cigarro.

-Estoy trabajando- respondió la hormiga, mientras acomodaba su pequeño lomo de modo que la hoja que cargaba no se cayera al piso.

El cigarro, mirando con desdén, se acomodaba apoyando su espalda en el tronco del árbol. La hormiga, lentamente, se alejaba y lo miraba con cierta pena. El cigarro dejó caer su sombrero de paja sobre su filtro, cubriéndose los ojos del reflejo cada vez más fuerte de los rayos solares; se aprontaba para dormir la siesta, pero antes, sin mirar, le habló a la hormiga que aun no se había alejado por completo:

-Tenés que trabajar menos, hormiga. La vida no se trata solo de trabajar y trabajar. Además, fijate vos, con este calor, con este sol que parte la tierra ¿por qué no te tomás una siestita?

La hormiga, dejando la hoja en el suelo con un ágil movimiento de cintura, se detuvo. Le dedicó al cigarro una mirada de reproche, y luego le dijo:

-¿Que por qué no me tomo una siesta? ¡Porque tengo una familia! ¡Porque tengo hijos que alimentar!- gesticulaba al mismo tiempo con sus patitas delanteras- y además vivo en un hormiguero donde todos trabajamos para el bien del conjunto, que al fin y al cabo, es el bien de los míos.

-Cómo te aprendiste el versito ¿eh?- se burlaba el cigarro, con mirada socarrona.

-No sé cómo te da el filtro para decirme eso- respondió la hormiga, y mirando con mucho más odio y reproche que la vez anterior, dio unos pasos en dirección al cigarro.

-¿Qué?- dijo el cigarro anticipando la intención de la hormiga de decirle algo, acercándose.

-¿Y vos por qué no dejás de reposar como un vago y salís a provocar toses, a trabajar en la consecución de un cáncer o creás algunos problemas respiratorios? Eso es lo que debería hacer un cigarro de bien, ¿no?- la hormiga sonó tan sarcástica como le fue posible.

Luego pasaron otras cosas. Pero lo cierto es que no tengo ganas de contarlo. Bueno, a fuerza de ser honesto, no es ganas lo que me faltan; de hecho, las tenía al principio, cuando empecé a contar la historia, pero a medida que percibía que me iba quedando sin ideas y que la cosa no daba para más, las ganas fueron menguando. Es una verdadera lástima, porque la historia pudo haber tenido un final genial; o tal vez un final mediocre, o uno malo, pero al menos sería un final. Y la sensación que me hubiese quedado no sería tan lastimosa como la que me quedará al escribir esta última palabra.